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domingo, 20 de diciembre de 2015

martes, 8 de noviembre de 2011

jueves, 17 de febrero de 2011

PSICOANALISIS, MARXISMO Y EMANCIPACION



PSICOANALISIS, MARXISMO Y EMANCIPACION

Operación izquierda lacaniana

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Para el autor, “el proletariado no es a priori un sujeto revolucionario”: puede, sí, transformarse en sujeto de un antagonismo emancipatorio, pero esto “exige la presencia de la construcción política”. La fórmula “izquierda lacaniana” podría sostener una acción cuya ética incorpore las críticas al marxismo procedentes de la teoría de Lacan.


Por Jorge Alemán *

La perspectiva de una izquierda lacaniana –planteada en mi libro Para una izquierda lacaniana... (ed. Grama, 2009)– fue cuestionada de tres maneras, tal como puede leerse en blogs y lugares de Internet. La primera procedió de los propios lacanianos, que me dicen: ¿cómo va a haber izquierda lacaniana cuando es evidente la vocación escéptica de Lacan hacia todo tipo de proyecto de emancipación política? A lo largo de su enseñanza, Lacan formuló una serie de advertencias: la revolución es el retorno de lo mismo; la crítica a la propiedad, la familia y el trabajo refuerzan la propiedad, la familia y el trabajo; no hay ninguna civilización que logre curarse de una pulsión de muerte irreductible; quienes sueñan con las mañanas que cantan están preparando las condiciones para que venga lo peor; etcétera, etcétera. Y a esto se puede agregar la vocación solitaria del propio Lacan, esa vocación de hombre de excepción, su disgusto por la multitud, por el número, y su distancia irónica con respecto a las construcciones sociales de la izquierda. Así que estoy metido en un lío por haber realizado esta especie de oxímoron, esta especie de chiste que es la fórmula “izquierda lacaniana”.

Pero también he visto en los últimos años que muchos de estos argumentos lacanianos, de estas reticencias de Lacan hacia las construcciones de la izquierda, se deslizaban ideológicamente hacia un nuevo tipo de argumentación del individualismo liberal: una argumentación más laica, más sabia, más escéptica, más cínica. Y me parece lamentable entregar la enseñanza de Lacan a las coartadas del individualismo liberal. En esto, por supuesto, ha tenido mucho peso la herencia de la que provengo: herencia de izquierda a la que me considero fiel, lo cual no implica reproducirla, sino tratar de reinventarla. Así que mi primera cuestión es hacer valer, para la izquierda, aquellas observaciones de Lacan, con el propósito de que estas puntuaciones puedan generar en la izquierda una disponibilidad distinta. Por lo demás, les he aclarado a mis colegas lacanianos que en ningún momento he tratado de formar un grupo referido a la izquierda lacaniana, ni escuela ninguna bajo ese nombre, y que yo mismo no pertenezco a la izquierda lacaniana. Todo lo que se mueve en relación a la izquierda lacaniana no se abre a ningún punto de identificación. Si hay algo que me apasiona de la operación izquierda lacaniana es que es refractaria a toda identificación.

El otro ataque que he visto en Internet viene del campo marxista, en cuanto este planteo objetaría la lucha de clases, la función histórica del proletariado, su constitución como sujeto histórico. En esto, sí, conviene tomar en serio muchas observaciones de Jacques Lacan. Efectivamente, Lacan tiene lecturas de Marx donde muestra que el solo hecho de que la fuerza de trabajo se compre y se venda como mercancía no genera al proletariado –ni de inmediato ni de manera inmanente– como un sujeto susceptible de transformarse en un protagonista de un proceso emancipatorio. Una de las lecturas que Lacan hace de la famosa dialéctica hegeliana lleva a mostrar que el esclavo también goza.

Pero lo que es más importante, para Lacan, es que no hay un fundamento que sirva como base y determinación en una última instancia, no hay fundamento saturado conceptualmente: siempre hay una brecha, y esto es muy importante para la izquierda lacaniana; siempre hay una brecha ontológica, una falla ontológica insalvable, incurable, entre lo real y la realidad. Ya saben que, en la enseñanza de Lacan, el término real y el término realidad no se recubren. La realidad es una construcción simbólico-imaginaria que vela lo real, y cuando éste emerge, lo hace siempre como dislocación, como ruptura, como pesadilla, como angustia, como lo siniestro. Por lo tanto, para Lacan no hay nunca una estructura que pueda ser saturada y totalizada conceptualmente. Toda estructura está socavada desde adentro, intervenida, podríamos decir, por un resto que le es heterogéneo: por eso Lacan nunca aceptó la idea marxista de una estructura que pudiera determinar en última instancia la economía política y por lo tanto la realidad del capitalismo.

Entonces, un primer punto que la izquierda lacaniana debería tener en cuenta es esa brecha: no es posible concebir la realidad de una manera homogénea. Cuando Lacan habla de lo preontológico del psicoanálisis, no quiere decir que el psicoanálisis sea deficitario desde el punto de vista ontológico, sino que no hay fundamento último que garantice la totalidad de la realidad; que se trata de una ontología agujereada, tachada. Esta brecha entre lo real y la realidad es absolutamente insalvable, incluso para la economía política. Siempre hay un resto heterogéneo que la totalidad no puede conceptualizar.

Algunos marxistas me acusaron de que mi proyecto de izquierda lacaniana pretendería cancelar la actividad política del proletariado como sujeto histórico: en mis textos muestro que, precisamente por esa brecha entre lo real y la realidad, lo que sí puede surgir –y siempre de manera contingente, nunca garantizada a priori– es un antagonismo, que no es en absoluto equivalente a la lucha de clases. La dislocación entre lo real y la realidad puede dar lugar a un antagonismo, pero sólo si éste se construye, si se inventa; nunca viene de manera inmanente, garantizado. Tampoco está garantizado que ese antagonismo, en el caso de que emerja, tenga per se una orientación emancipatoria. Todo eso exige la presencia de lo que llamamos lo político, la presencia de la construcción política.

En el marxismo clásico, la lucha de clases constituía un a priori objetivo del proletariado como sujeto revolucionario. Hay que decir que las revoluciones históricas nunca tuvieron a ese sujeto ya constituido: siempre hubo que inventarlo, a veces con resultados no muy deseables. En todo caso, en la formulación que yo he planteado bajo la rúbrica “izquierda lacaniana”, la respuesta al marxismo es que sí, nos interesa el antagonismo. Y, me parece, se desprende de la enseñanza de Lacan que la “diferencia absoluta” de la que él habla no puede nunca estar encubierta por las diferencias que introducen las jerarquías del mercado. Quiero decir: la explotación de la fuerza de trabajo es un insulto a la diferencia absoluta.

En la sociedad lacaniana postcapitalista, si la hubiera, que no tiene nombre y ni siquiera se la puede nombrar como socialismo, habría siempre diferencia absoluta y por lo tanto habría neurosis, psicosis, trastornos, enfermos, angustiados, suicidas; pero esa diferencia encontraría por fin un ámbito de despliegue que no quedaría colonizado por las diferencias jerárquicas del orden burgués de explotación capitalista. Marcar la distinción entre la diferencia absoluta y el orden jerárquico del sistema capitalista no es lo mismo que suponer un proletariado que tuviese en sí mismo, como clase, la capacidad para desconectar la maquinaria capitalista.

Ley del corazón
Nada había en Lacan que favoreciera la idea de una izquierda. Fue asumiendo un legado personal como he tratado de forzar y violentar las cosas para reunir estos dos términos, “izquierda lacaniana...”, con puntos suspensivos que señalan el carácter conjetural de esta formulación. Lacan citó en muchas ocasiones a Hegel sobre la ley del corazón y el delirio de presunción. Tras la referencia al hombre del placer, para el que la ausencia de un concepto de lo universal arruina su relación con los placeres y los vuelve mortíferos –en esto Hegel parece un gran teórico de la vida contemporánea–, viene la “ley del corazón”, donde se pone en juego la dimensión de lo universal: el corazón saca de sí mismo la ley, que sale de su propia subjetividad para encarnarse como universal. Podría ser éste el caso del hombre de izquierda: alguien que no acepte ya la teleología marxista, que no acepte ya las leyes de la historia; alguien que haya comprendido la fundamentación metafísica de la base marxista y la haya deconstruido y que, ya como izquierdista desfundamentado, intente desde su propia singularidad transformar la historia y con su singularidad, con su ley del corazón, hacer la ley.

Tanto Hegel como Lacan explican que, una vez que la ley está fuera de uno mismo, se vuelve extraña, hostil. Lo primero que hace esa ley es matar a sus propios fundadores, contragolpear a aquellos que la han constituido. En mi propio análisis de esta izquierda lacaniana, no pude dejar de atravesar la interrogación acerca de si yo mismo no estaba cautivado por esa ley del corazón; si, en tanto ya no acepto que haya leyes objetivas como las que postulaba Marx, mi izquierda lacaniana no está capturada por la ley del corazón. Y Lacan se refirió a la ley del corazón como “la fórmula general de la locura”: la cuestión, entonces, es cómo fundar un acto político sin paranoia, cómo fundar una relación con un orden que no sea paranoico, con una ley que no esté capturada por el que Hegel llamó delirio de presunción, por el cual, cuando la ley que uno mismo ha fundado se vuelve hostil, es declarada enemiga. No tengo todavía una respuesta a esto, salvo que para correr el riesgo de la fórmula de la locura, de la ley del corazón, hay que apostar por una experiencia política.

La emancipación ya no puede venir acompañada de la idea de que hay un poder exterior que nos somete. La emancipación tiene que ver siempre con el propio sujeto y con su propia relación con el superyó. Como explica muy bien Freud, lo que hace que civilizaciones absolutamente injustas perduren muchísimos años hay que investigarlo más en el fantasma “Pegan a un niño”, en el fantasma masoquista, que en los aparatos ideológicos del Estado o en los mecanismos de las sociedades disciplinarias o de control. Hay que investigarlo en las que clásicamente se llamaron servidumbres voluntarias, en el papel que cumple el goce en la fijación a determinadas estructuras. Por ejemplo, el capitalismo es un movimiento que todo el tiempo cambia, pero que está fijado libidinalmente al relanzamiento de la falta y el exceso. Entonces no veo posible no transitar por el riesgo de la ley del corazón, y la única manera que, pienso, puede advertirnos del contragolpe inevitable de la hostilidad de la ley que nosotros mismos hemos fundado es aceptar, tal y como Lacan propuso en su lectura de Antígona de Sófocles, que una experiencia ética requiere siempre, por lo menos en su matriz, responder a una instancia que nos demanda algo excesivo; algo que nos supera.

* Extractado de una intervención en el congreso “Inconsciente y filosofía. Una nueva manera de pensar lo político”, Colegio de España en París, mayo de 2010.

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jueves, 11 de noviembre de 2010

LA IDENTIDAD, A LA VEZ IMPOSIBLE Y NECESARIA


LA IDENTIDAD, A LA VEZ IMPOSIBLE Y NECESARIA

Naturaleza esencialmente negativa





Por Juan Bautista Ritvo*

El término "sujeto" tiene actualmente una doble acepción: designa, de un lado, la referencia simbólica que cada cual hace de sí a sí mismo. El hombre, decía el joven Marx repitiendo al joven Hegel, es el único animal que se toma a sí mismo como objeto.

La posibilidad de esa autorreferencia es también la posibilidad de que el hablante adquiera un desarrollo simbólico, como mínimo, complejo. Es también la fuente de innumerables paradojas y perplejidades que hacen de la identidad algo a la vez necesario e imposible. Por otra parte, ese punto de emisión que somos se encarna, y ahí se constituye como objeto para sí y para otros. Cada uno es a la vez sujeto y, conforme a la etimología nunca más adecuada, subyectum, algo puesto o arrojado debajo.

En esta breve fundamentación esbozo líneas de trabajo: a) La naturaleza del sujeto es esencialmente negativa, recuérdese el pequeño y notable artículo de Freud sobre la negación: soy lo que niego ser y así me constituyo, torna a las relaciones que mantiene con sus semejantes en profundamente opacas. b) De la sociedad se puede decir algo semejante a lo que los geólogos afirman sobre la naturaleza de los terremotos: son impredecibles e incontrolables, aunque semejante aserción deba fundar una política de prevención. Aquí aparecen dos temas profundamente vinculados: la violencia política y la posibilidad de una acción colectiva.

El primero debe ser enfocado por algo que emerge tanto en la antropología de Levi Strauss como en las observaciones dispersas pero muy ricas de Lacan acerca de la segregación. ¿Puede haber una acción colectiva independiente o al margen o, en todo caso, en los pliegues, de las estructuras masivas? Quiero decir: ¿es posible una relación entre los sujetos en la cual la disparidad subjetiva no sea causa de sometimiento y de servilismo? Nuestra respuesta es abierta, problemática y afirmativa sólo bajo condiciones muy restrictivas. Es necesario antes reflexionar sobre la objeción que Lacan ha hecho a la intersubjetividad, al señalar que la reciprocidad entre sujetos no puede fundarse simbólicamente porque entre un sujeto y otro yace el Otro, es decir el campo de discursividad que a la vez conecta y desconecta a los seres humanos.

*Docente en Psicología y en Humanidades, UNR


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-26121-2010-11-11.html


 
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miércoles, 24 de marzo de 2010

En el corazón del imperio



OPINION

En el corazón del imperio



Por Fabio Nigra *


Entre el 27 y el 30 de enero, mi casilla de mail se llenó de mensajes enviados y reenviados: “Murió Howard Zinn” decían los encabezados. Conocí los textos de Zinn a mediados de la década de 1990, gracias a la Cátedra de Historia de los Estados Unidos de América, y se convirtió (junto a Montgomery y Franklin) en uno de los historiadores de ese país que más me entusiasmaron; por eso la noticia fue un duro golpe. “Uno menos de los buenos”, pensé. La investigación y escritura de la Historia, tanto allí como aquí, tiene personajes que buscan sólo perpetuarse en la academia, y también aquellos que son consecuentes con su manera de entender al mundo. Los primeros pueden bien esconderse tras sólidos aparatos institucionales, o bien hacer cualquier cosa con tal de hablar en la tele, la radio o publicar en diarios o revistas. Lo que los unifica es que su manera de pensar la realidad puede adaptarse con facilidad a las condiciones hegemónicas.

Destaco esto porque Zinn era exactamente lo contrario. Logró escribir libros de Historia absolutamente serios y sólidos, ser enormemente popular (su libro La Otra Historia de Estados Unidos es el quinto más vendido en Amazon y ha permanecido como mínimo tres años entre los 100 más pedidos) y mantuvo su postura crítica al establishment norteamericano, lo que le valió despidos laborales y persecuciones ideológicas. Y además, con un gran sentido del humor. Uno de los textos con el que más me reí –en términos académicos, claro– se llama Dónde buscar un comunista, en el que revuelve sus archivos sobre el FBI (“ellos tienen archivos sobre mí; yo tengo sobre ellos”, dice) para encontrar un folleto editado por esa agencia en donde en un conjunto de preguntas, una más tonta que la otra, se pretende lograr el estado de sospecha y delación típicos del macartismo.

Por supuesto, él era comunista, o más bien marxista. Y a contramano de tantos (allí y aquí) que se consideran los sacerdotes exégetas de las santas escrituras de Marx, Zinn exponía la historia de su país desde los de abajo, las minorías, los olvidados. No necesitaba citar textualmente extractos de El Capital o La Lucha de Clases en Francia para ser un importante activista, por ejemplo, en contra de las guerras (Vietnam, Afganistán, Irak), lo que, obvio es decirlo, le valió nuevas persecuciones.

Zinn fue un exponente destacado de una serie de historiadores comprometidos con su pueblo, en particular en Estados Unidos. Es como si hubiera sido un historiador del Tercer Mundo inserto profundamente en el aparato académico norteamericano, poniendo en evidencia en forma sistemática las prácticas imperialistas, racistas y escasamente democráticas de su clase dominante, perspectiva ideológica que contradice claramente la visión hegemónica dentro de las grandes universidades estadounidenses.

Nosotros en la cátedra utilizamos capítulos de La otra historia... porque, aparte de ser muy diferentes a los textos usuales de historiadores estadounidenses, son muy buenos disparadores de problemas históricos raramente advertidos en la historiografía oficial. Donde seguramente no es popular su libro es en la embajada, lo que para nosotros resulta una verdadera alegría.

Valga este reconocimiento de nuestra parte a un hombre de la talla de Chomsky o de lo que sería localmente un Bayer, y con la esperanza de que otros sigan su camino.

* Doctor en Historia. Profesor adjunto de Historia de los Estados Unidos de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA. El historiador y activista Howard Zinn falleció el pasado 27 de enero, a los 87 años.



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http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-142290-2010-03-24.html
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miércoles, 10 de marzo de 2010

ACUMULACION DEL CAPITAL, CICLOS DE ENDEUDAMIENTO Y EL SALVATAJE DE LA BURGUESIA



ACUMULACION DEL CAPITAL, CICLOS DE ENDEUDAMIENTO Y EL SALVATAJE DE LA BURGUESIA

El problema no es la deuda


Por Juan Kornblihtt

El endeudamiento es una política permanente de la burguesía argentina, de todas sus fracciones, a lo largo de la historia. Es la forma en que el capital ficticio, cuando la renta de la tierra no alcanza, viene a compensar temporariamente el atraso sistemático de la productividad del trabajo local. Cuando la situación resulta insostenible (fines de 2001), se proclama el default para regenerar las condiciones en que opera la economía local: mediante la devaluación (principios de 2002) se procede a desvalorizar la fuerza de trabajo, se promueven las exportaciones y se hace posible el ingreso de divisas. Recuperada la economía sobre esas precarias bases, las ventajas obtenidas se licuan y la revaluación del peso (desde el 2006) debe compensarse con un nuevo ciclo de endeudamiento. La disputa entre gobierno y oposición por el Fondo del Bicentenario no tiene como causa de dónde sale la plata para pagar la deuda sino cómo se garantiza un nuevo endeudamiento. Una muestra contundente de la coincidencia programática y de intereses de los dos bandos en disputa es que ambos quieren volver a endeudarse para intentar salvar a la burguesía en crisis. Su única distinción es táctica. La oposición quiere que el Gobierno haga el ajuste y pague el costo (por eso, con la excusa de la autonomía del BCRA, exige el uso de las arcas fiscales), mientras que el Gobierno aspira a posponerlo para que el problema estalle, de ser posible, después de las elecciones de 2011.

Pese a los discursos oficiales, lo que esta disputa muestra es el escenario de crisis general de la acumulación de capital en la Argentina. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner trató de zafar, primero aumentando las retenciones, después nacionalizando las AFJP. Fracasadas esas alternativas, ahora vuelve al plan original de la campaña electoral, cuando viajó por Europa y los Estados Unidos: arreglar con los bonistas y el Club de París para poder pedir fondos otra vez.

El reingreso al circuito financiero internacional tiene como contrapartida favorecer a los capitalistas que prestan. Nadie da sin pedir nada a cambio. Lo primero que exigirán los acreedores será un peso más fuerte para aumentar la capacidad de importación del país, y para que las empresas extranjeras radicadas en la Argentina remitan mayores ganancias en dólares. El resultado será una contracción en la actividad económica, menor recaudación y menor empleo. Es decir lo mismo que proponen a coro Carrió, Duhalde, Cobos, De Narváez y Macri. En definitiva, esta disputa es una confirmación de que ninguno de los dos ofrece una alternativa, ni siquiera parcial, frente a la crisis a favor de los trabajadores.

La deuda, entonces, no es el problema central de la economía argentina, sino la forma en que se manifiesta su escasa capacidad competitiva general y su creciente crisis. Como ya hemos visto, dejar de pagar es la antesala de volver a pagar, que es el paso previo al retorno a la “buena conducta”. Por la misma razón, si por arte de magia se pudiera pagarla por completo, reaparecería en un plazo breve. No es la deuda la causa sino la consecuencia de las taras histórico-estructurales que corresponden a la naturaleza capitalista del país y al lugar que le cupo (y le cabe) en el proceso de acumulación mundial y que no tiene solución bajo esta forma social

* Observatorio Marxista de Economía-Ceics.



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lunes, 28 de septiembre de 2009

El Capital: Teoría del modo de producción capitalista

El Capital: Teoría del modo de producción capitalista


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lunes, 10 de noviembre de 2008

MARXISMO 2008: 5 DÍAS DE DEBATES SOBRE LA CRISIS CAPITALISTA Y LA ACTUALIDAD DE MARX

AGENDA
Auditorio del Hotel Bauen Callao 360
Ciudad de Buenos Aires


• LUNES 17 a las 19 hs.
La lucha de clases y el movimiento obrero en América Larina hoy
Panelistas: Guillermo Almeyra, Raúl Godoy, Eduardo Sartelli, Aldo Casas
• MARTES 18 a las 19hs.Tras las huellas del materialismo histórico Marx y la actualidad de su teoría
Panelistas: Eduardo Grüner, Miguel Vedda, Pablo Bonavena, Claudia Cinatti
• MIÉRCOLES 19 a las 19hs.La actualidad de El Capital de Karl Marx
Panelistas: Juan Iñigo Carrera, Eduardo Glavich, Guillermo Gigliani, Paula Bach
• JUEVES 20 a las 19 hs.La crisis capitalista y las perspectivas del marxismo
PanelistasChistian Castillo, Claudio Katz, Pablo Rieznik
• VIERNES 21 Homenaje a Alberto J. Plá
Presentación 18:30 hs
Panelistas:Pablo Pozzi, Guillermo Almeyra, Alejandro Schneider, Josefina Luzuriaga
Marx y la historia 20:30 hs.PanelistasAriel Petruccelli, Pablo Pozzi, Juan Hernández, Hernán Camarero
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