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viernes, 4 de mayo de 2012

Presentación del libro: "Un enemigo para la nación"‏






Presentación del libro:

Un enemigo para la Nación.

Orden interno, violencia y subversión, 1973-1976

de Marina Franco



Panel:



Repensar la violencia de Estado antes de 1976

Hugo Vezzetti, Roberto Pittaluga y Sofía Tiscornia





Un enemigo para la Nación. Orden interno, violencia y subversión, 1973-1976 parte de la pregunta, tan transitada e incesante, acerca de las razones por las cuales la sociedad argentina alcanzó las espirales de violencia que después de varias décadas confluyeron en la dictadura militar de 1976.

Con esta preocupación, este libro analiza el problema de la violencia en el período constitucional que se extendió desde mayo de 1973 hasta marzo de 1976 y examina la imbricación histórica que se estableció entre las prácticas estatales de carácter autoritario y represivo y los discursos políticos y periodísticos dominantes. De este modo, identifica los elementos que configuraron, a partir de 1973, un estado de excepcionalidad jurídica creciente vinculado con una lógica político-represiva centrada en la eliminación del enemigo interno. Así, el golpe de Estado de 1976 aparece como parte de un proceso de deterioro institucional del Estado de derecho, y no como su mera interrupción. Un enemigo para la nación devuelve centralidad histórica a los años setenta democráticos y otorga un nuevo sentido a la salvaje dictadura militar al insertarla en un proceso represivo más complejo y más extendido en el tiempo.



Viernes 11 de mayo, 18.30 hs, en el auditorio del

Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES)

Aráoz 2838, Ciudad de Buenos Aires

Organiza Núcleo de Estudios sobre Memoria (IDES)

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viernes, 27 de abril de 2012

PRESENTACION DE LIBRO Y PANEL DE DEBATE Repensar la violencia de Estado antes de 1976 Participan: Hugo Vezzetti, Sofía Tiscornia, Roberto Pittaluga







PRESENTACION DE LIBRO Y PANEL DE DEBATE

Repensar la violencia de Estado antes de 1976

Participan: Hugo Vezzetti, Sofía Tiscornia, Roberto Pittaluga


Con motivo de la presentación de
Un enemigo para la Nación.
Orden interno, violencia y “subversión”, 1973-1976
Marina Franco
(Buenos Aires, FCE, 2012)


Viernes 11 de mayo, 18.30 hs.
IDES Aráoz 2838, Buenos Aires


Un enemigo para la nación
Orden interno, violencia y “subversión” 1973-1976
Marina Franco






[Texto de contratapa] Un enemigo para la nación parte de la pregunta, tan transitada e incesante, acerca de las razones por las cuales la sociedad argentina alcanzó las espirales de violencia que después de varias décadas confluyeron en la dictadura militar de 1976.
Con esta preocupación, este libro analiza el problema de la violencia en el período constitucional que se extendió desde mayo de 1973 hasta marzo de 1976 y examina la imbricación histórica que se estableció entre las prácticas estatales de carácter autoritario y represivo y los discursos políticos y periodísticos dominantes. De este modo, identifica los elementos que configuraron, a partir de 1973, un estado de excepcionalidad jurídica creciente vinculado con una lógica político-represiva centrada en la eliminación del enemigo interno. Así, el golpe de Estado de 1976 aparece como parte de un proceso de deterioro institucional del Estado de derecho, y no como su mera interrupción.
Un enemigo para la nación devuelve centralidad histórica a los años setenta democráticos y otorga un nuevo sentido a la salvaje dictadura militar al insertarla en un proceso represivo más complejo y más extendido en el tiempo.
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domingo, 3 de julio de 2011

La desesperación sin ideología




La desesperación sin ideología

Por Aníbal Ignacio Faccendini *


Se han olvidado. Hacía tiempo les habían hecho una encuesta sobre la situación del país. La dictadura militar parecía eterna. No recordaban lo que habían dicho en los años '78 y '79. Es que habían alabado al gobierno militar, tanto en su situación política, social y económica. Hugo Vezzetti, en su obra "Pasado y presente" (Editorial siglo veintiuno 2002), recurre a un trabajo de Guillermo O'Donnel, sobre una encuesta realizada en esos años.


En el '82, les vuelve a realizar a esas mismas personas el mismo cuestionario. Los encuestados no sólo negaban haber alabado al gobierno militar sino que directamente se colocaban en las antípodas. Como si siempre hubieran estado en ésa posición ideológica. La derrota de Malvinas, la crisis económica, las movilizaciones y las atrocidades a los derechos humanos, marcaron la ruptura. Pero no dejaba de ser llamativo cómo la gente se olvidaba. Y, lo más grave era analizar cómo tramitaban el pasaje de una postura a otra. La tramitación era sin escalas, no había metabolización alguna, porque al decir de Vezzetti padecían de "amnesia patológica". Al no haber ideología de alta entidad, no hay pensamientos que rectificar y cambiar. Se cambia lo que existe, no el lleno del vacío. El vacío no llena.


Hacía frío, el sol escaseaba, pero estaba. El 16 de junio del '55 las palabras se congelaron. Pero ya no de frío, sino por la violencia. Venía del cielo a arrebatar almas. Aviones bombardeaban al gobierno constitucional. Atacaban a la democracia. Muchas personas fueron asesinadas. La impunidad decretó la amemorización y la desideologización. Todavía estas muertes buscan a los autores de estos asesinatos de lesa humanidad. Esta masacre sin castigo, fue posible ﷓ entre muchas causales﷓ por quitar toda ideología que requiera de memoria. Imposición realizada por los victimarios. Theodor Adorno, señala que es el victimario y no la víctima, quien siempre plantea la buena memoria del olvido, el perdón y la reconciliación.


La ideología ﷓en sentido lato﷓ es el conjunto de representaciones, significados y percepciones que responden y constituyen creencias. Es el recetario conductual inmediato y mediato ante un fenómeno externo. Al estar tan inserto en nuestro pensamiento, es el que regula nuestro actuar en la realidad.

Podemos detectar ideologías pasatistas o de baja entidad y las de profunda entidad. Las de baja entidad, es la que no requiere de la posteridad. No requiere de futuro. Consume solamente presente. En cambio las de profunda entidad, se encamina hacia lo que va a suceder. Sacrifica presente por la trascendencia. Supera el cuerpo y encara al tiempo. Busca en definitiva seducir la eternidad o parte de ella.


Es lo efímero lo que llena a las ideologías pasatistas. Lo vacío inunda los cuerpos y jerarquiza los objetos. Este sistema de pensamientos establece un estatuto conductual excesivamente inestable para el funcionamiento social. Es decir, se agota en cada acto y en un presente continuo. Importa entonces quién realiza el acto y no en qué consiste el acto. Se dilapida así la objetividad del hecho, para pasar a la subjetividad del mismo. Lo importante es quién lo realiza y no qué es lo que realiza.


La modernidad ﷓entre otras cuestiones﷓ se divorcia del medioevo, a partir de plantear el análisis de acto en sí y someterlo a distintas evaluaciones. De suyo, sin tener en consideración quién ejecutaba el acto, fuera un noble, un burgués o un plebeyo. El avance de las ciencias sociales, del derecho y aún de las ciencias naturales, se debió a la objetivación del acto. Es lo que garantizaría la circulación de derechos y bienes. Veamos, en el feudalismo el protagonista de un hecho delictual, si era poderoso, por portación de poder "purificaba la situación". Lo subjetivo invadía todo el hecho. La apropiación que el Estado moderno hizo de ese poder del señor feudal, permitió que el acto recuperara su propia identidad. Así un hecho será bueno o malo, justificado o no, independientemente de quién lo realice. No se focalizaría más sobre el sujeto, sino en lo hecho. Entonces debería ser que un acto o hecho será delito o no, ético o inmoral, leal o traidor independientemente de quién lo realice. Sea el autor amigo o enemigo, poderoso o plebeyo.


Milán 1763, Cesare Beccaría, se encontraba escribiendo "De los delitos y de las penas". Este hijo del racionalismo, va a escribir esta obra que conmovería el sistema penal de entonces. Enero de 1764, la obra estaba terminada. La difusión que tendría excedería las expectativas del escritor. Sería la única obra de Beccaría tan célebre y trascendental. La obra connotaba un derecho penal de acto y dejar el derecho penal de autor. Esto es decir, ante un mismo delito se debe aplicar igual pena. No importaba la portación de clase o título nobiliario. Se empezaba a focalizar la materialidad del hecho o acto. (De los delitos y de las penas. Librería El Foro.Ed.2004).

Este avance de considerar un hecho bajo distintas evaluaciones, sin declinar ante quien lo realiza, demandó de grandes ideologías firmes, contundentes y no fanáticas. Pues antes era el rey el que ejecutaba e interpretaba el hecho. Disponiendo si un acto era bueno o malo. No había libre interpretación y análisis sobre el hecho.


Las ideologías son un dispositivo social de suma utilidad. Porque el actuar de una persona ideologizada se vuelve previsible. Al ser previsible genera confianza si se coincide, y si no se coincide, la confianza se desplazará hacia un conflicto conocido. En cualquiera de los dos casos, de distinta maneras y profundidades navega la confianza. O, dicho de otra manera ciertos grados de certidumbre.

Cuándo no hay ideología o es pasatista, no hay previsibilidad de conductas. Porque no sabe el proyecto de acciones del otro. Al no haber previsibilidad no hay confianza.

Las ideologías son una elección pero más una necesidad del bien común. Con ideologías de alta entidad los niveles de lealtad se fortalecen y se rompe con la impunidad de las traiciones. La palabra logra mayor perdurabilidad en el tiempo y su circulación es más estable. Logrando así más certezas.


La peor de las situaciones sociales es la desideologización, la falta de convicciones y proyecciones conductuales, que tornan imprevisibles las relaciones en la comunidad.


La falta de ideología, es el vacío que lo llena todo. Es el consumismo, cuya única rendición de cuentas es al objeto que se desea. Pero ello no requiere de convicciones.


* Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales. Licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades. Docente de la UNR.




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miércoles, 29 de junio de 2011

La otra operación masacre







DOMINGO, 26 DE JUNIO DE 2011


La otra operación masacre

Una reedición de La patria fusilada, de Francisco Urondo, pone el foco en uno de los acontecimientos más feroces de la represión que antecedió al golpe de 1976 y vuelve a contextualizarlo en la actual revisión de los años ’70.




Por Fernando Bogado


Hay números que son importantes, números que sin necesidad de establecer una referencia ya evocan, en sí mismos, tal o cual hecho, tal o cual persona: ningún 24 del 3 puede quedar ausente, en nuestros días, de una reflexión obligada, tanto política como histórica, pero por sobre todo, ética. La reedición de La patria fusilada, de Francisco “Paco” Urondo, no es otra cosa que un evento que repite, en su magnitud, en sus guarismos, en su insistencia, la necesidad de pensar, de recordar y de actuar sobre el presente a partir de los hechos del 22 del 8 de 1972, día de la Masacre de Trelew.

Basta revisar datos para ir armando el recorrido numérico, si se quiere: de los diversos miembros tanto del ERP como de la FAR y Montoneros sólo muy pocos lograrían llevar el plan hasta sus últimas instancias: los únicos 6 miembros de estas fuerzas militantes que llegarían con éxito a Puerto Montt, la cúpula de cada una de estas organizaciones que se encontraban detenidas en el penal de Rawson. 19 de los participantes de la fuga serían llevados del aeropuerto copado hasta la base Almirante Zar de Trelew. El intento de asegurar ciertas condiciones que funcionarían como garantía de una rendición total a las fuerzas del Ejército que ya habían ocupado el territorio (quienes, vale la pena aclarar, consideraban necesario sorprender tanto a los responsables de la ocupación como a los rehenes de los negocios dentro del aeropuerto en un operativo especial que no descartaba las bajas civiles, principal preocupación de los allí reunidos) se ve rápidamente frustrado: los 19 reclusos son vejados y torturados no mucho después de que se los coloque en la base. De esos 19, el ya citado 22 de agosto, sobrevivirían 3: los otros 16 cayeron en un fusilamiento sorpresivo que, a partir de un fuego cruzado organizado desde el pasillo que daba a las celdas, arrasó en varias ráfagas de metralleta con cada uno de los prisioneros para después, lentamente, ir rematándolos a medida que se planteaba la ficción de un nuevo intento de fuga, una excusa para justificar un asesinato ilegal que se venía planeando desde las sombras.

La patria fusilada. Francisco Urondo Libros del náufrago 160 páginas
Las recientes apariciones y reediciones de material vinculado con sucesos significativos de la década del 70 vuelve a poner la atención sobre una serie de hechos que aún en la actualidad no poseen el cierre lógico y esperable: ni la Masacre de Trelew ni el asesinato de Urondo tienen en la actualidad la correspondiente sentencia de sus ejecutores, pese a que este último caso tenga iniciado el proceso judicial por estos días. La pertinencia de pensar el núcleo duro de esta época, el hecho de que sigue siendo el insistente objeto de reflexión al cual vuelven más de una novela, más de un trabajo del género que sea, funciona también en el sentido de recuperación y puesta en vigencia de obras que en ese mismo tiempo ya denunciaban los horrores que tomarían forma en 1976: no hay que descartar el hecho de que la entrevista a los 3 sobrevivientes de la Masacre se haya hecho el día anterior a su liberación en 1973, una vez asegurado el regreso de Perón.

Acompañado por un prólogo de Daniel Riera, dos poemas de Juan Gelman y un anexo que contextualiza la situación de los respectivos juicios, esta reedición de La patria fusilada vuelve a mostrar el complejo lugar que varios escritores tuvieron que ocupar frente a un panorama político que se les mostraba cerrado, oscuro. Hay que volver a pensar en más de un problema en torno de este compromiso militante que encuentra en Urondo, en Walsh, en varios otros escritores su más clara manifestación.

Ninguno de los 3 sobrevivientes de la Masacre de Trelew llegaron a nuestros días para poder dar nuevamente su testimonio: sucumbieron o fueron secuestrados durante la última dictadura, como si administrativamente –por eso de los números– hubiera que hacer cuentas y cerrar las cosas que quedaban sin terminar. No hay nada peor para este recorrido numérico que notar que ya van 39 años de impunidad en un ilícito que ni siquiera tiene el proceso judicial abierto


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viernes, 25 de marzo de 2011

ROSARIO, LOS MEDIOS, HACE 35 AñOS



ROSARIO, LOS MEDIOS, HACE 35 AñOS

Una ciudad sin jóvenes


El discurso de los medios gráficos rosarinos -con especial énfasis en La Capital en torno a la juventud en los primeros años de la dictadura, 1976-1978. El golpe de estado no implicó sólo un cambio de autoridades en la ciudad sino también un claro acatamiento de las pautas del Proceso.





Por Laura Luciani *

El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas en su conjunto derrocaron el gobierno de María Estela Martinez de Perón e instauraron un gobierno de facto a cargo de la Junta Militar presidida por el Teniente General Jorge Rafael Videla; con ello se inauguró una de las etapas más represivas que la historia del país ha conocido hasta el momento. El objetivo principal fue trastocar y redefinir las relaciones entre sociedad y estado existentes así como desarticular la movilización social a partir de la implementación del llamado Proceso de Reorganización Nacional (PRN). Ello implicó una doble estrategia que significó por un lado la represión directa sobre aquellos sujetos que consideraban el "enemigo subversivo"; por otro, la incorporación de mecanismos de disciplinamiento efectivizados a través de diversos comunicados y decretos que limitaron la participación de las personas en la vida pública. Los partidos políticos fueron suspendidos, la acción sindical fue restringida y las organizaciones políticas, sindicales y estudiantiles de izquierda y peronista fueron disueltas así como muchos dirigentes nacionales, provinciales y municipales fueron detenidos. Estas medidas tenían como objetivo más amplio reestructurar y modificar las pautas y comportamientos de la sociedad argentina en su conjunto así como redefinir el rol de las distintas instituciones.

En consonancia con los cambios operados a nivel nacional la provincia de Santa Fe fue intervenida. El primer interventor provincial fue el Coronel José María González, en abril lo reemplazó en ese cargo el Vicealmirante Jorge Aníbal Desimone quien se mantendría en ese puesto hasta 1981. Asimismo en la ciudad de Rosario el intendente Rodolfo Ruggeri fue encarcelado (junto a otros políticos y funcionarios provinciales y municipales) asumiendo el cargo el Coronel Hugo Laciar reemplazado luego por el Capitán Augusto Cristiani que ocupó ese lugar hasta 1981; luego asumió Alberto Natale como intendente civil en el contexto de un reordenamiento político que se iniciaba con la asunción de Viola como presidente de facto.

El golpe de estado no implicó sólo un cambio de autoridades en la ciudad sino que significó un claro acatamiento de las pautas que el PRN planteaba y la imposición desde arriba de estrategias de despolitización y disciplinamiento social en los diversos ámbitos públicos de la ciudad. La instauración de la dictadura fue posible a partir de este conjunto de medidas coercitivas impuestas desde el Estado y también gracias al apoyo tibio en algunos casos, elocuente en otros que recibió el PRN desde diversas instituciones como la Iglesia, algunos partidos políticos en la provincia de Santa Fe el PDP, por ejemplo e inclusive de los medios de comunicación locales que legitimaron en primera instancia el golpe y sustentaron luego el gobierno militar con mayor o menor énfasis por lo menos hasta iniciada la década del 80.

Así, los medios gráficos de la ciudad de Rosario se constituyeron para los primeros años del gobierno militar en una herramienta esencial en la difusión y legitimación del proyecto dictatorial en el ámbito local, no sólo porque reprodujeron, aplaudieron y apoyaron el discurso militar sino porque además incorporaron toda una agenda de cuestiones que consideraban ineludible para el PRN. Cabe recordar que para marzo del 76 dos periódicos circulaban en la ciudad de Rosario, ambos con características diferentes. La Tribuna, un diario vespertino, de pocas páginas, con información general aunque con una fuerte presencia de las secciones de deportes y quiniela, ya que se constituía como un diario de raigambre popular y barrial. La Capital, matutino que se perfilaba como un periódico hegemónico en Rosario y el cordón industrial, no sólo porque tenía una tirada promedio de sesenta mil ejemplares semanales y cien mil los domingos, o por su trayectoria a lo largo de todo el siglo sino porque era el diario de referencia con respecto a temas de la ciudad. A ellos se sumaría a mediados de 1977 El País, que en su primera etapa y hasta diciembre era de tirada vespertina transformándose luego en matutino. Si bien El País intentó constituirse como una alternativa, no logró consolidarse como una empresa rentable en la ciudad, cerrándose a mediados de 1978. El estudio sobre la prensa gráfica local señala que tuvieron un rol central en la instalación de una agenda de problemas de diversa índole. En ese sentido me interesa destacar aquí las prácticas discursivas que esos medios construyeron en torno a los jóvenes durante el período 1976/1978 begin_of_the_skype_highlighting 1976/1978 end_of_the_skype_highlighting, ya que esta fue una temática recurrente permitiendo reproducir y consolidar estereotipos hegemónicos respecto de la juventud.

Si bien los medios gráficos de la ciudad tuvieron, en general, un discurso de apoyo al gobierno militar nacional y local, ese apoyo se construyó desde distintas estrategias y gradualidades. En líneas generales es posible decir que el discurso de los medios, se construyó durante la fase más represiva de la dictadura en una estructura discursiva binaria afianzando y difundiendo la lógica sobre la cual se asentaba la práctica represiva del terrorismo de estado. Como señala Pilar Calveiro, en Poder y Desaparición las lógicas totalitarias son lógicas binarias, construyen su poder a partir de "concebir el mundo como dos grandes campos enfrentados", donde la construcción de la identidad propia rechaza toda posibilidad de otro, otro que es siempre enemigo. Así la "subversión" es ese otro contrapuesto al "ser nacional" que, según el discurso militar, para sobrevivir debe aniquilarla. Esa estructura binaria construida desde los discursos oficiales se reproduce y difunde en otros espacios a la vez que impregna las prácticas enunciativas respecto de múltiples temáticas. Así, los diarios de la ciudad construyeron su discurso también desde una lógica binaria que permeó las interpretaciones sobre la realidad social y que ayudaron en el proceso de legitimidad que se estructuraba respecto de la dictadura impuesta en marzo de 1976, ya no sólo la "subversión apátrida" se oponía al ser nacional, occidental y cristiano, el caos se oponía al orden, un orden que no sólo era la negación del conflicto social y político sino la negación de toda diferencia en los diversos planos de la vida cotidiana. El caos era la inmoralidad, la basura, los perros callejeros, el ruido molesto, el cirujeo, las "gitanas", los jóvenes y el orden era pensado como la erradicación de todos ellos, la restitución de los "valores morales", del decoro.

Dicho discurso se inscribió en la lógica propia del contexto enfatizando una retórica conservadora y fuertemente anclada en la idea de orden, así como en la apelación constante a "salvar la patria". Si bien este pareciera presentarse simplemente como un reflejo del discurso militar y del proyecto del PRN, debemos tener en cuenta que es el mismo periódico quien lo promueve desde las distintas secciones.

En tanto promotor de determinadas acciones y valores el diario La Capital construyó una prédica que intentó ser ejemplar no sólo para la sociedad rosarina sino también para las instituciones y espacios estatales con los cuales entablaba diálogos y discutía. En este sentido algunas de las temáticas a tratar referían específicamente a los problemas cotidianos de los rosarinos como el ruido, la basura, las inscripciones en las paredes, las acciones municipales, etc. Si bien los temas no eran privativos de este proceso histórico y pueden observarse en otros contextos sociopolíticos, en esta coyuntura adquirieron un lugar central en tanto permitió expresar parte de los valores y acciones del "deber ser argentino". Asimismo, junto a los problemas cotidianos que en la narrativa se presentaron como parte de la agenda de cuestiones necesarias a tener en cuenta para constituir ese "bienestar general necesario" , también es posible observar que algunos sujetos eran centro de atención de los editoriales, y como correlato en las cartas de lectores. Es claro que entre esos sujetos se encontraban los jóvenes.

Ya desde el inicio de la dictadura, éstos fueron centro de atención del discurso militar desde una doble mirada. Por un lado los jóvenes representaban el futuro y en ellos se depositaba también la responsabilidad de llevar adelante el PRN. Por otro lado los jóvenes eran vistos en forma negativa, como sujetos peligrosos, rebeldes, por el cual se apelaba a diversas instituciones que llevasen adelante la tarea de "forjarlos" a la propia imagen. En ese sentido los diarios reprodujeron gran parte de ese discurso e incluso ayudaron a construirlo, configurando estereotipos hegemónicos.

En principio es posible observar que los textos periodísticos de aquellos años reprodujeron y difundieron una imagen de la juventud como un todo homogéneo representado en la figura del varón de clase media y estudiante. También es posible observar que en algunos medios, y específicamente en el diario La Capital, se enfatizaba en un discurso que ayudaba a la conformación de percepciones negativas sobre los jóvenes.

En diciembre de 1975, por ejemplo, ante el incendio de una calesita, un editorial aseveraba: "Que en una antigua plaza de Rosario, la plaza Lopez, dos o tres individuos jóvenes hayan quemado una calesita y bailado alrededor del fuego como celebrando un rito, nos parece una acto que linda con lo terrible". Y agregaba: "Vivimos un tiempo en donde todo parece posible, el tiempo del amor y del desprecio, de lo sagrado y lo profano. Las cosas que ocurren se mezclan en un caos que parece preparado con diabólica lucidez. Nos asustan algunos hechos que no deberían asustarnos, sentimos miedo de nada, permanecemos indiferentes ante ciertos horrores. Estamos confundidos, acaso porque la confusión sea el signo secreto de la vida (...) ¿Cómo medir el valor de algo en momentos en que todos los valores parecen subvertidos? ".

Si bien la cita da indicios de la sensación de miedo y caos generalizado que el mismo diario reproduce, no podemos dejar de observar que el editorial se refiere a la acción de jóvenes considerándola abominable, temible. Esa percepción va a surgir frecuentemente en los editoriales y también en las cartas de lectores.

Como ya hemos mencionado, la sección carta de lectores no era un espacio marginal en el diario, ya que no sólo incorporaba la voz del lector al discurso del diario sino que generalmente lo que allí se decía era retomado por los editoriales. En días previos al golpe de estado en una de ellas se aludía al aspecto de los jóvenes: "En estas épocas de cambios hay costumbres de las que duele despedirnos. Por ejemplo la manera en que los alumnos del colegio nacional se presentaban para ir a clase. Me parece bien que cada uno vaya como quiera pero hay algunos alumnos que antes deberían pasar no sólo por una peluquería sino por debajo de la ducha."

En la misma fecha un editorial recibía con beneplácito el uso de saco y corbata en la universidad -especialmente para docentes en tanto "entrañan el propósito de asegurar el umbral de decoro en las aulas superiores". Como es posible observar, entre fines de 1975 y principios de 1976, el problema del aseo, la vestimenta, la salida de los jóvenes en la noche eran cuestionadas tanto desde las cartas de lectores como desde los editoriales y ello no era un elemento casual en su discurso. Por el contrario se inscribía en el marco de un discurso general de existencia de anarquía y desorden en todos los aspectos de la vida, incluso en cuestiones cotidianas. La percepción de que todo estaba "patas arriba" ayudaba no sólo a configurar una visión negativa sobre los jóvenes sino también a plantear la necesidad del restablecimiento del orden.

Ya con el golpe militar las percepciones en torno a ese grupo no difirió, desde otra carta de lectores publicada en agosto de 1976 y titulada "Delincuencia" el lector refería a los 12 consejos para lograr la "delincuencia juvenil", entre ellas transcribo:

"1) Comenzad desde su más tierna infancia a dar al niño todo lo que quiera. 2) No le deis una educación religiosa. Aguardad que sea él mismo quien lo resuelva cuando cumpla 21 años. 3) Jamás le enseñéis la distinción entre el bien y el mal. 4) Permitidle leer todo lo que caiga en sus manos. Preocúpate de esterilizar los vasos y servilleta que usa, pero no os molestéis en vigilar el alimento que nutre su mente. Si seguís estos doce consejos vuestros hijos serán otros delincuentes, si hacéis lo contrario serán un día sanos y honrados ciudadanos".

Otro editorial publicado en julio de 1977 refería a su comportamiento en el transporte público del siguiente modo: "Lo mismo que se trate de varones o de niñas, hacen gala de una total falta de urbanidad. Forman corrillos en los pasillos, dificultando en extremo la de por sí difícil en las horas 'pico', se comunican entre si a gritos y no son escasas las veces que hacen objeto de pesadas burlas al resto del pasaje".

Los jóvenes en general se presentaban así como un foco de atención: "faltos de moral y de urbanidad" o posibles "delincuentes"; se constituían en sujetos potencialmente peligrosos que, desde la prédica del periódico, tanto las instituciones como el estado debían encauzar. Aún cuando desde La Capital se evidenciaba un cuestionamiento general respecto de la juventud, era frecuente la asociación entre "delincuente subversivo" y joven. Dicha asociación se realizaba especialmente desde los comunicados -y desde el discurso militar insistiendo generalmente en la "corta edad" del "enemigo subversivo". Sin embargo esta asociación trascendía los comunicados y desde los medios se alertaba a la población respecto de la necesidad de investigar la documentación de las parejas jóvenes que quisiesen alquilar un inmueble. Según José Lofiego, miembro del Servicio de Informaciones de la policía de Rosario: "Les habíamos dado una especie de formulario mimeografiado con algunos interrogantes básicos, sobre todo movimientos sospechosos de personas que nadie los conocía en el barrio, de personas jóvenes con hijos de poca edad, hacíamos hincapié sobre todo en eso". Como es posible observar, en el imaginario militar de aquellos años subversión y juventud eran términos que se articulaban proponiendo un abanico de interpretaciones y aunque no todos los jóvenes eran considerados subversivos la construcción discursiva ayudaba a crear un ambiente de duda sobre ellos estigmatizándolos.

Aún cuando la llegada del golpe no modificó las percepciones que el diario construía en torno a la juventud, sí se propuso enfatizar las acciones del gobierno de facto que buscaban encauzarla, refrendando no sólo el discurso sino también apoyando fervientemente esas acciones. El 24 de marzo Videla en nombre de la Junta Militar llamaba a "restituir los valores esenciales" y convocaba a los jóvenes a sumarse a esa tarea. Tanto su incorporación en el PRN como las acciones disciplinarias tendientes a "guiar" los comportamientos sociales juveniles se constituyeron en cuestiones subrayadas por los medios locales desde diversas secciones; asimismo no sólo se informaba de temas tales como las nuevas normativas impuestas en algunas escuelas sobre la vestimenta de estudiantes o sobre la campaña moralizadora llevada adelante por la Jefatura de Policía, sino que desde los editoriales se aplaudía tales acciones en tanto se sostenía que "la juventud, en especial, desprovista muchas veces del resguardo necesario dentro de este tipo de cosas es, indudablemente la principal beneficiaria de esta acción moralizador".

En abril de 1976 una carta de lectores de La Capital recibía con satisfacción las medidas tendientes a restringir la circulación de los jóvenes en los horarios nocturnos ya que "con medidas así, lograremos aunque sea de a poco, encauzar a la juventud. Si los padres no se ocupan, ya se ocuparán las autoridades de que no anden a deshoras por allí, a merced de las malas compañías y de todos los peligros que acechan por las calles".

En septiembre de 1977 La Capital planteaba que "la juventud también es valiosa protagonista en el presente" pero que en los años pasados: "desvirtuóse el papel de la juventud en nuestra comunidad, haciéndosela tempranamente destinataria de funciones y atribuciones que no sólo no le correspondían sino que atentaban contra esenciales valores de la civilidad argentina. No debe olvidarse que en los oscuros días en que el terrorismo había montado su maquinaria al amparo oficial, fue calificada de 'maravillosa' a aquella parte de la juventud argentina enrolada en la subversión, y que equivocadamente creían que poner bombas era parte de una tarea patriótica".

En tanto los jóvenes eran llamados a actuar en ese presente el diario los incluyó en su discurso sin dejar por ello de marcar la potencialidad del peligro que surgía cuando eran "manipulados" por el "terrorismo" que los influía con valores ajenos al "ser argentino". Al presentarse a la juventud como un peligro latente, se apelaba especialmente a la responsabilidad instituciones consideradas claves para la formación de esa nueva juventud. Por ello también se enfatizaba desde diversas perspectivas el lugar que ocupaban la familia, la educación secundaria, la Iglesia para inculcar los valores necesarios que no permitiesen esta "intromisión foránea". En diciembre de 1976 La Capital se refería a la familia planteando que "debe constituirse en un bastión inexpugnable para cualquier clase de ataque que pretenda destruirla o desnaturizarle sus funciones esenciales y su protección acabada y plena depende de un justo ordenamiento social". En octubre de 1977 otro editorial planteaba que ante la posibilidad de que los jóvenes fueran "blanco propicio para tentaciones que pueden desviar su camino" la responsabilidad de los padres se volvía ineludible: "El sentido ético de la existencia basado en los tradicionales y permanentes valores morales, debe ser inculcado cotidianamente por los padres pues nada ni nadie puede reemplazarlos en esa responsabilidad que es divina y humana. Vigorizar a la familia como institución equivale a vigorizar a la subsistencia misma de la sociedad, porque esta se basa primaria y fundamentalmente en aquella".

El análisis realizado nos permite pensar que la construcción discursiva de los medios en torno a la juventud no era casual ni menor, sino que se constituía en una herramienta esencial en el proceso de construcción de representaciones más generales que legitimaban el PRN a la vez que impartía pautas y valores que consideraban "esenciales" en esa construcción del "ser nacional".

Mientras La Tribuna y El País retomaron desde sus páginas algunos de los puntos más contundentes del discurso oficial, insistieron en menor medida en cuestiones como, por ejemplo, la temática de la juventud. Sin embargo en la construcción de esas representaciones cobró fuerza la acción discursiva de La Capital, que en tanto se consideraba un claro defensor del PRN, promovió actitudes, valores y problemáticas que no dudó en levantar como banderas de su propio discurso. Así las representaciones hegemónicas en torno a la juventud instituyó a los jóvenes como un todo monolítico y homogéneo -y masculino , presentándose desde los editoriales como una problemática recurrente incluso desde los meses previos al golpe de estado. La construcción de los jóvenes como peligrosos, ajenos y contrarios a la sociedad llevaba a excluirlos, dejando de ser un sujeto social con sus propias pautas, con sus propios comportamientos para convertirse en un problema a resolver, una cuestión de la cual el estado debía encargarse para ordenar, disciplinar y en ocasiones reprimir.

* Docente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y becaria de CONICET

lauluciani@gmail.com



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jueves, 24 de marzo de 2011

El golpe militar de 1976: 35 años después





El golpe militar de 1976: 35 años después



Por Atilio A. Boron

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Es importante, al cumplirse 35 años del golpe, continuar ejercitando la memoria. El olvido o la negación sólo servirían para facilitar la repetición de tan atroz experiencia. Recordar y actuar, pero sin limitarnos a las manifestaciones políticas del terrorismo de Estado y sus políticas de exterminio. Hay que llegar al cimiento sobre el cual éstas se construyeron: el proyecto neoliberal, que para prevalecer requiere de una dosis inaudita de violencia y de muerte. Gracias a la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida algunos de los tenebrosos ejecutores del plan genocida están entre rejas, pero hasta ahora sus instigadores han logrado evadir la acción de la Justicia. Hoy, veintiocho años después de recuperada la democracia, ya no es mucho lo que se puede hacer teniendo en cuenta la edad de los principales responsables. Esta es una de las lecciones para recordar: se juzgó a los responsables del terrorismo de Estado, y en ese sentido es importante destacar que en esta materia la Argentina se ubica indiscutiblemente a la vanguardia en el plano internacional. Pero los instigadores y beneficiarios del terrorismo económico y sus cómplices, en los medios, en los partidos, los sindicatos, la Iglesia, la cultura y las universidades, han disfrutado, hasta ahora, de total impunidad. Se ha juzgado y condenado a quienes fueron su instrumento, pero dejando de lado el enjuiciamiento a quienes pusieron en marcha un plan que sabían muy bien sólo lograría imponerse mediante la más brutal violación de los derechos humanos. El proceso llevado a cabo en el caso de Papel Prensa es un avance, así como algunas causas en las cuales se ha involucrado a Martínez de Hoz; pero siendo importantes son insuficientes. Esta es una de las asignaturas pendientes que debe ser aprobada cuanto antes. Ojalá que la discusión suscitada por este luctuoso aniversario pueda servir para profundizar la investigación sobre los instigadores y cómplices antes de que sea demasiado tarde.

La experiencia internacional de países como Alemania, Italia, España y Portugal demuestra que los legados autoritarios no son de fácil o inmediata asimilación. Son procesos de largo plazo y, en nuestro caso, se impone averiguar cuáles son las herencias que ha dejado una experiencia tan traumática como la de la última dictadura militar. Es razonable suponer, por ejemplo, que algunos de los crímenes más estremecedores de los últimos tiempos como los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, del maestro Carlos Fuentealba, del joven Mariano Ferreyra, de los aborígenes qom en Formosa, o el de los ocupantes del Parque Indoamericano, amén de las desapariciones de Julio Jorge López y Luciano Arruga, son ecos luctuosos de aquel desgraciado período de nuestra historia. Otros legados, como la impunidad castrense, fueron metabolizados y superados, pero los absurdos privilegios de que goza la renta financiera, anclados en la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, insólitamente vigente luego de tantos años, continúan ejerciendo su perniciosa influencia, al igual que la extranjerización de los principales sectores de la vida económica, la inequidad del régimen tributario y el despojo de las riquezas nacionales. Una herencia particularmente gravosa de aquel aciago período es la destrucción del Estado nacional, obra en la cual lo iniciado por la dictadura –recordar su consigna: “achicar el Estado es agrandar la nación”– adquirió inédita profundidad y ribetes escandalosos durante el decenio menemista. Los gobiernos sucesores sólo tímidamente emprendieron la urgente y necesaria tarea de reconstruir al Estado, misión imposible sin una reforma impositiva que asegure el adecuado financiamiento del aparato estatal. De ahí la paradoja, que no pasa inadvertida para nadie, de una economía que crece aceleradamente en convivencia con un Estado muy pobre que, por ejemplo, debe confiar en las declaraciones de los oligopolios petroleros o mineros para saber cuál es el monto o la cuantía de sus exportaciones, porque ni el Estado nacional ni los estados provinciales disponen de los recursos humanos y técnicos para dicha tarea; o que depende de otro país para imprimir el papel moneda que necesita su población. Acabar con este deplorable legado es una de las tareas más urgentes: sin un Estado reconstruido y dotado de los recursos que exigen sus múltiples y esenciales funciones, difícilmente la bonanza económica podrá traducirse en progreso social.

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jueves, 15 de julio de 2010

Carne viva, de Marcelo Goyeneche, en el ISFD Nº 34





Fue proyectado el film documental el día 13 de julio de 2010 en el horario de HISTORIA ARGENTINA 8SIGLO XX


en el marco

del Programa Pedagogía de la Memoria

y Proyecto Histórico

(DES - DGCyE)

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martes, 29 de junio de 2010

EL GOLPE MILITAR DE 1966. En vez de votos, botas


EL GOLPE MILITAR DE 1966

En vez de votos, botas


Por Mario Rapoport *


El 28 junio de 1966, un golpe militar, con la anuencia de sectores civiles, políticos y sindicales y una fuerte campaña previa de los medios de información –como la que soportaron Yrigoyen en 1930 y Perón en 1945 con resultados distintos–, depuso al presidente radical Arturo Illia. Las Fuerzas Armadas abandonaban así el rol tutelar que venían ejerciendo desde la caída de Perón, en 1955, sobre gobiernos emergentes de un régimen deslegitimado por la proscripción del peronismo. Al igual que en golpes anteriores, la desestabilización empezó mucho antes y los medios de la época tuvieron mucho que ver en ello, en especial los periodistas Mariano Grondona, Bernardo Neustadt y Mariano Montemayor, como señala Miguel Angel Taroncher en su libro sobre la caída de Illia. Esos periodistas contribuyeron “como parte integrante del poder mediático, a la campaña de prensa sobre la base de coincidentes mensajes críticos contra el gobierno” radical. A través de ellos jugaban sofisticadas revistas de opinión un rol que en golpes anteriores habían desempeñado periódicos de lectura masiva.

Las principales instituciones empresarias, por su parte, estaban también disconformes con lo que consideraban una excesiva intervención del Estado en la economía. Un documento inédito de la UIA hablaba de “la burocratización total de la vida económica [...] que conduce gradual pero persistentemente a la absorción de la empresa privada por el Estado [...]”. La misma “toma varias formas pero, para las actividades más importantes, casi siempre se resuelve en la obligada transferencia de la propiedad del empresario privado al Estado”. Estos conceptos parecían dejar traslucir que el gobierno de Illia era una antesala del de Fidel Castro. (Ponencia de la UIA para la XXII Asamblea de Aciel a realizarse del 4 al 6 de junio de 1966.)

Mariano Grondona, gestor del golpe en numerosos artículos, señalaba dos días después de haberse producido, las razones del mismo: “Arturo Illia no [había comprendido] el hondo fenómeno que acompañaba a su encumbramiento: que las Fuerzas Armadas, dándole el Gobierno, retenían el poder. El poder seguía allí, en torno de un hombre solitario y silencioso [el general Onganía]. [...]. Siempre ha ocurrido así: con el poder de Urquiza o de Roca, de Justo o de Perón. Alguien, por alguna razón que escapa a los observadores, queda a cargo del destino nacional. Y hasta que el sistema político no se reconcilia con esa primacía, no encuentra sosiego”. El gobierno había cometido el error de creer que gobernaba cuando en realidad los votos de la elección de Illia seguían siendo botas.

Pero la incógnita principal fue el rol que Estados Unidos jugó en el golpe. Dos años antes, en 1964, el gobierno de Washington había tenido una influencia decisiva en la caída del presidente brasileño Joao Goulart, a quien consideraban un “extremista”. Existe la transcripción de un diálogo entre el presidente Johnson y el secretario de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos Thomas Mann, el viernes 3 de abril de 1964, tres días después de ese golpe. “Mann: Espero que Ud. esté tan feliz respecto al Brasil como lo estoy yo. LBJ: Lo estoy. Mann: Pienso que es lo más importante que ocurrió en el hemisferio en tres años” (tapes de la Casa Blanca, 1963-1964). En cambio, no surge de los documentos secretos que el Departamento de Estado hubiera intervenido directamente en la caída del primer mandatario argentino –en verdad no lo necesitaba–, pero estaba perfectamente informado de la existencia de sectores militares y civiles opuestos a los lineamientos programáticos de Illia y en procura de una oportunidad para provocar una “intervención” militar desde muy temprano, incluso desde antes de su asunción, en octubre de 1963. La carrera de Illia hacia los comicios de julio de 1963 se había desarrollado en un clima político interno signado por la proscripción del peronismo y de su líder, por lo que la UCR del Pueblo obtuvo la primera minoría y la nominación de su candidato en el Colegio Electoral con apenas el 25 por ciento de los votos. Este hecho cuestionaba la legitimidad de la victoria electoral; una “marca de origen” que constituiría el “caballito de batalla” permanente de la oposición política y, especialmente, de los sectores internos y externos que ya desde el inicio de la nueva administración comenzaron a tejer la trama conspirativa. El nuevo presidente accedería a la Casa Rosada con una minoría parlamentaria, hostilizado por la sistemática oposición de la dirigencia sindical y patronal y conviviendo con contradictorias tendencias conservadoras y populistas dentro del propio radicalismo.

Las políticas desplegadas, sin agitar demasiado las aguas, rescataban lineamientos básicos heredados de la intransigencia radical y del primer peronismo, con un trasfondo internacional marcado por propuestas económicas nacionalistas en boga en muchos países del Tercer Mundo. Esas orientaciones se manifestaron a través de cierta resistencia a las imposiciones del FMI, la concepción de un Estado inclinado al control y la planificación de la economía –como en caso de los productos farmacéuticos–, así como a la atención prioritaria al mercado interno. Se tomó también la decisión de denunciar y anular los contratos petroleros firmados por el presidente Frondizi.

Por supuesto, los servicios de inteligencia norteamericanos estaban bien informados sobre los planteos golpistas y sus principales protagonistas. Así lo testimonia un cable de la CIA al presidente norteamericano Lyndon Johnson, que se encuentra en los archivos de su presidencia, localizados en Austin, Texas. Allí se daba cuenta de la decisión de los altos mandos militares argentinos de promover el golpe para el mes de julio, aunque la acción podía adelantarse si la “crisis económica” se acentuaba. El informe reseñaba la “responsabilidad” y “seriedad” de los objetivos del futuro gobierno militar y enumeraba entre los involucrados a los generales Juan Carlos Onganía, Julio Alsogaray, Alejandro Lanusse y Osiris Villegas (CIA, 2/6/66, Country Files, Argentine Memos, Vol. II, Box 6).

Finalmente, el levantamiento militar tuvo lugar el 28 de junio y el gobierno surgido de la decisión golpista se autodenominó “Revolución Argentina”. El “caudillo” soñado por Grondona fue nombrado presidente con el objetivo primordial de mantenerse mucho tiempo en el poder: “un dictador es un funcionario para tiempos difíciles”, afirmaba el inefable periodista. El nuevo régimen pretendía imponer un proyecto de largo alcance, dotando al Estado de una organización tecno-burocrática, que Guillermo O’Donnell denominó “Estado Burocrático Autoritario”, capaz de poner fin a las pujas intersectoriales y políticas locales en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional, que privilegiaba el accionar en el orden interno por parte de las Fuerzas Armadas contra los peligros del “extremismo” y la “disociación social”. Pero los tiempos económicos, sociales y políticos que proponía no pudieron llevarse a cabo. A través del Cordobazo la sociedad puso fin a esa forma criolla de “pseudomonarquía”. Grondona debió postergar por un tiempo sus sueños “caudillescos”, las Fuerzas Armadas se retiraron después de dos intentos frustrados de continuar en el mando y Perón volvió finalmente a la Argentina. Se abría una etapa vertiginosa cuyo desenlace dio paso al período más doloroso de nuestra historia, que comienza en 1976. El golpe militar que lo precedió diez años antes fue, sin duda, un primer ensayo.

Economista e historiador. Investigador superior del Conicet.



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viernes, 2 de abril de 2010

Miradas sobre el poder militar



EL GENERAL BALZA, EL TITULAR DEL CELS, VERBITSKY, Y EL POLITOLOGO BOSOER

Miradas sobre el poder militar
En el Salón de Actos del Edificio Libertador y ante un auditorio en el que predominaban los uniformes, Verbitsky confesó su sorpresa por hablar en ese ámbito. Balza denostó la conducción de la Guerra de Malvinas y Bosoer se explayó sobre la sucesión de golpes.




“Supongo que algunos se sorprenderán de verme aquí, yo también estoy sorprendido: es recíproco”, aclaró Horacio Verbitsky al comienzo de su exposición. Y no era para menos: el lugar en el que el presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) estaba hablando era el Salón de Actos del Edificio Libertador. Y los asistentes a la conferencia, alrededor de cien personas, eran, casi todos, militares. Un público sin dudas distinto al que está acostumbrado a enfrentar. La charla, sobre “La construcción de las Fuerzas Armadas en Partido Militar, sus causas, consecuencias y soluciones”, estuvo enmarcada en el Ciclo Anual de Historia Argentina llevado a cabo por el Ministerio de Defensa. Junto a Verbitsky expusieron el general Martín Balza, ex jefe del Ejército durante ocho años, y el politólogo Fabián Bosoer. El tema convocante era “1973-1983. La dictadura militar y el neoliberalismo. La recuperación de la democracia”.

Durante gran parte de su conferencia, Verbitsky resaltó el papel del CELS, fundado durante la dictadura, para desestigmatizar a las Fuerzas Armadas y remarcar la importancia de esa institución en tanto y en cuanto se tracen con claridad los límites de su tarea y esté siempre bajo control de la sociedad civil. “Es imprescindible trazar una raya: liberar a quienes comenzaron la carrera militar en los últimos años de la dictadura, y después, del peso de la mochila” que significa el terrorismo de Estado, para que “los ciudadanos soldados puedan formar parte plena de la sociedad”.

El titular del CELS puso las cosas en contexto, al recordar que “en la Argentina, entre 1930 y 1990, hubo más gobiernos originados en las botas que en los votos”. Un rato antes, el politólogo Bosoer había ahondado: entre 1930 y 1982 hubo 23 presidentes, y la duración media de su mandato fue de dos años y medio. De los 23, 14 fueron militares y 13 de ellos llegaron al poder mediante regímenes de facto. Sólo dos presidente ungidos por las urnas pudieron completar su mandato, Juan Domingo Perón y Agustín Justo. Los dos eran militares y ambos asumieron luego de un gobierno militar que les allanó el camino. Estos datos se explican en “la incapacidad de las clases dominantes de transformar su poder económico en poder político”, lo que las obligaba a ponerse en manos del aparato militar para consolidar su poder, señaló Verbitsky. Eso –continuó– provocó “un discurso de legitimación y justificación que derivó en una concepción paranoica del poder”. Y remató explicando que “somos un país importador: la doctrina de aniquilación llegó antes que el elemento revolucionario”, que sólo se empezó a manifestar luego de la caída de Perón. “¿Cuál es la solución?”, se preguntó para cerrar. “El respeto por las instituciones militares, pero con límites muy claros sobre su rol”, completó.

Fabián Bosoer se había explayado antes sobre la relación cívico-militar en la élite de poder entre los años 1940 y 1982, en los que “la Argentina hibernó cultural y geopolíticamente: a lo largo de estas cuatro décadas se reitera la misma clase dirigente, las mismas familias en el poder”. Este aislamiento desembocó en una “fase terminal”, a partir del golpe de 1976, en el que la militarización de la política exterior reprodujo la falsa imagen de conflicto Oriente-Occidente, que fue la lógica que desembocó, como un corolario inevitable, en la Guerra del Atlántico Sur. “Malvinas, finalmente, rompió el cascarón de esa burbuja de 40 años de antigüedad”, concluyó Bosoer.

Más temprano, el general Balza había hecho un detallado recuento de los errores cometidos por la dirigencia militar antes y durante el conflicto, tratando de desmitificar la idea de “los combatientes mal preparados”, oponiéndola al cuadro de un generalato que no sólo cometió errores sino que actuó de forma cobarde. “Una vez que empezó la guerra –relató el ex jefe del Estado Mayor General del Ejército, que estuvo en la islas durante el conflicto–, ningún general, ningún almirante y ningún brigadier pisaron las Malvinas”. Balza también señaló que los militares en el poder “recibieron de forma por demás ingrata a quienes combatieron” porque “cada sobreviviente era el símbolo de su incompetencia”, y concluyó diciendo que “mantenerse lejos de la metralla es lo que hace llegar a viejos a los generales”.

Informe: Nicolás Lantos.



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sábado, 13 de marzo de 2010

Las dificultades de la historia



Domingo, 7 de marzo de 2010


Las dificultades de la historia

Hoy a la noche, la Academia vuelve a tener entre sus candidatas a una película que revisita la violencia de los años ’70 en la Argentina: El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, traza un arco que va de finales de los años ’90, época de indultos y estertores del menemismo, a mediados de los ’70 y el nacimiento de la Triple A. Radar invitó a Horacio González, Alan Pauls y Gustavo Nielsen a reflexionar sobre los aspectos ideológicos, políticos, narrativos y cinematográficos que plantea la película.





Por Horacio Gonzalez

El secreto de sus ojos tiene un título que no hubiera desdeñado una comedia soñadora. Sin embargo, es un drama judicial-policial con una fuerte hipótesis sobre los nidos de represión surgidos del Estado antes al golpe del ‘76. Arriesga una opinión directa sobre las formas de reclutamiento de asesinos bestiales por parte de los grupos parapoliciales y sus cómplices del aparato judicial. Esos sicarios practican antes crímenes privados y luego son absorbidos por un aparato político criminal que actúa en la entretela estatal. El film trata de un crimen de los llamados pasionales, un asesinato que brota de una locura amorosa. Pero esa es la materia prima apropiada para que el reo sea alistado entre las huestes de las “tres A”. Así como la investigación del crimen obedece a un complejo sistema de señales narrativas –una foto de juventud, una mirada enfermiza, hebras sutiles de la vida anterior del culpable, sus gustos futbolísticos–, el nexo que lo une a la esfera represiva estatal es contundente y directo. Se trata de una imagen televisiva donde el homicida aparece como custodio de Isabel Perón. Sin la inserción de esa escena, el film no hubiera llegado al atrevido enlace que busca establecer. El de un crimen pasional como genealogía del crimen político. No obstante, la peripecia narrativa central se mantiene dentro de la cotidianidad de una oficina judicial que debe tratar las vicisitudes de un crimen privado.

El novio de la joven asesinada, en cambio, practica una venganza privada. El protagonista de la historia –un fiscal retirado de la Justicia que desea ser novelista– finalmente lo descubre. Y, en la tradición del policial negro, deja las cosas como están. Tiene una comprensión escéptica del fondo sombrío de la naturaleza humana. La salvación no la tiene la historia pública ni la Justicia, sino el amor. ¿Entonces toda la peripecia sobre el Estado represivo anterior a 1976 es una ambientación aleatoria? Las grandes novelas policiales de la escuela norteamericana no eran de denuncia. Sobre la base de personajes que son almas desgarradas, no intelectuales ni burgueses con conciencia crítica, sino criaturas indefensas y golpeadas, se produce el develamiento del mundo corroído, del que se adueñaron los impostores. La “crítica al sistema” del policial argentino no ha podido desarrollarse plenamente porque no hubo condiciones existenciales (esto es, sociales) para hacer verosímil la figura del detective privado, que entre nosotros aparece a menudo bajo formas impostadas, y, por qué no, rápidamente politizadas de una manera convencional.

La intriga pasional de El secreto de sus ojos, si bien pudorosa, está comprimida finalmente en formulismos de un laborioso logro amatorio. Eso impide generar el sentimiento de acusación más contundente al régimen imperante (escarmiento estatal, banalidad en las vidas, trampas económicas del capitalismo). Si el policial negro clásico acusaba al sistema corrupto, al mismo tiempo afirmaba que no había nada que hacer. He allí su fuerza. En él los finales eran una escéptica despedida de todo, la amistad también fracasaba y a la ilusión se le dedicaba un largo adiós. En el film de Campanella se juega con estos elementos apelando al folletín del amor de los solitarios, a la gracia amarga de ciertos personajes, a reminiscencias de la novela policialesca bogartiana y a la protohistoria del Estado terrorista. En este último caso, rompe sin proponérselo con el acuerdo implícito en el que aún se mantienen grandes capas de la población. El de considerar trágicamente vituperables los hechos ocurridos en las tinieblas de la sociedad preparados desde una zona clandestina del propio Estado, desde 1976 en adelante, lógicamente con estos antecedentes que toma ahora Campanella.

Mientras que en La historia oficial, que era más ingenua y pedagógica, actuaba el movimiento social y la discusión en el seno de una familia de apropiadores tenía un desenlace inscripto en la corriente reconstructora del pensamiento colectivo, en El secreto de sus ojos, veinticinco años después, hay resarcimiento de un particular que se convierte en victimario, sacando los hechos de la espera reparatoria común. El precio del triunfo amoroso sutura las soledades y deja detrás el borroso espectáculo de la culpa del Estado en estado puro. No hay ante esto otro remedio que una punición particularista, sin expectativas en la acción que dará el futuro horizonte social y popular. Es cierto que la trama de El secreto de sus ojos toma eventos del año ‘75, pero hay una mirada en racconto que parte de los días actuales, donde se producirá el reencuentro de los compañeros del juzgado, que habían dejado en latencia su amor. La omisión de lo ocurrido después, en el despliegue histórico que todos conocemos, abandona impensadamente el punto de vista del ciclo de los derechos humanos. Nos deja como espectadores impotentes, que llenamos salas y nos debatimos ante un film que a cambio de sus trazos narrativos competentes retrotrae la cuestión del desagravio colectivo a su momento de terror policial originario. La pincelada sobre el contubernio en las trastiendas ministeriales y judiciales tan sólo nos ofrecerá héroes admisibles, ajenos a la historia posterior, de la que aún somos testigos y protagonistas. Las dificultades ante la historia aparecen siempre, aun en films que no son directamente históricos.



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jueves, 31 de diciembre de 2009

ENLACES DE HISTORIA ARGENTINA Y CINE




ARGENTINA

HISTORIA DE UN PAÍS: ARGENTINA

Eva Perón y la cultura peronista
http://www.megavideo.com/?s=seriesyonkis&v=FY28IETV

Revolución libertadora y resistencia
http://www.megavideo.com/?s=seriesyonkis&v=VW4RLDJP

La dictadura del golpe a las Malvinas
http://www.megavideo.com/?s=seriesyonkis&v=HMSC03QA


CRONICAS DE ARCHIVO:
Revolución Argentina
http://www.tu.tv/videos/cronicas-de-archivo-cap-1-revolucio


UNA LARGA NOCHE




ABUELAS, MADRES Y NIETOS DE PLAZA DE MAYO

TV POR LA IDENTIDAD


NIETOS, IDENTIDAD Y MEMORIA .
http://www.youtube.com/watch?v=Cg5_oacXNGo


NIETOS Y ABUELAS DE PLAZA DE MAYO
http://www.youtube.com/watch?v=6qn9Q70DiPw


ENTREVISTA A NIETA RESTITUIDA
http://www.youtube.com/watch?v=VIHSZRfgo3Y


30.000 en la Memoria (Victoria Souto)
http://www.youtube.com/watch?v=0MN-B89hruY


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Abuelas de la Plaza de Mayo = http://www.abuelas.org.ar/


Madres de la Plaza de Mayo = http://www.madres.org/


Madres de la Plaza de Mayo. Linea fundadora


Agrupación H.I.J.O.S. = http://www.hijos.org.ar/


Agrupación H.I.J.O.S. Regional Rosario = http://www.hijosr.blogspot.com/


Agrupación H.I.J.O.S. Regional Capital = http://www.hijos-capital.org.ar/

Asociacion de ex - detenidos desaparecidos
http://exdesaparecidos.org.ar/aedd/example2.php


Memoria y resistencia de los presos politicos
http://www.pparg.org/pparg/


Proyecto desaparecidos
http://notas.desaparecidos.org/



JULIO LOPEZ

NI OLVIDO NI PERDON ¿POR QUÉ DESAPARECIÓ JULIO LOPEZ?
http://video.google.es/videoplay?docid=5895578052172480202


¿Y JULIO LÓPEZ? ¿LA TERCERA DESAPARICIÓN?
http://www.youtube.com/watch?v=2p6P8cfrlK8


FRAGMENTOS DEL DOCUMENTAL "ELLOS SABEN DONDE ESTA LOPEZ"
http://www.youtube.com/watch?v=l-9Y4pwkTog



GUERRA DE LAS MALVINAS

1982, ESTUVIMOS AHÍ
http://video.google.com/videoplay?docid=-1671978623064687618

MEXICO. LA REVOLUCIÓN CONGELADA
Parte 1 = http://www.megavideo.com/?v=NBTL3ILH


ME MATAN SI NO TRABAJO Y SI TRABAJO ME MATAN
http://video.google.com/videoplay?docid=5127516686277660611


LOS AAA SON LAS TRES ARMAS
Parte 1 = http://es.youtube.com/watch?v=YI-vJofHdp0



CINE ARGENTINO

LA NOCHE DE LOS LÁPICES
http://video.google.es/videoplay?docid=2263955311469762649


TANGO FEROZ



MUSICA ARGENTINA

MERCEDES SOSA

“…Mercedes, salmo en los labios
amorosa madre amada
mujer de América herida
tu canción nos pone alas y hace que la patria toda
menudita y desolada no se muera todavía,
no se muera porque siempre cantarás en nuestras almas…”
Teresa Parodi

COMO UN PAJARO LIBRE
http://www.youtube.com/watch?v=jab69xDJ0_k


ATAHUALPA YUPANQUI

LOS CAMINOS DE ATAHUALPA YUPANQUI


EL PAYADOR PERSEGUIDO
Parte 1 = http://es.youtube.com/watch?v=jCoXqT8l2vo
Fuente:
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